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Pospandemia, apegos y dependencias (parte I y II)

  • Foto del escritor: Fanzine Ubicuo
    Fanzine Ubicuo
  • 23 abr 2021
  • 7 Min. de lectura

Fátima Barrera

Contacto:

Twitter: @arte_publico

Diseñadora y amante de la ciencia



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El apego, en la etología, es una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos individuos, por medio de sus interacciones recíprocas, y cuyo objetivo inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza, ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección. El apego no solo existe en las relaciones intersubjetivas, también forma parte de la manera en como nos conducimos con respecto a modos de vivir, maneras y formas de hacer, modos de pensar, modos de habitar, etc.


Este factor ha representado durante este momento histórico un reto importante para la mayoría de la población, que en medio de una emergencia sanitaria mundial, ha tenido que aprender a modificar conductas y patrones establecidos reforzados por años. Desde la psicología cognitiva se dice que, para desapegarse se debe actuar sin temor a lo peor que pueda ocurrir, es decir, aprender a enfrentar cualquier panorama catastrófico teniendo confianza en uno mismo, y esto se dice con toda seguridad por los partidarios de esta corriente psicológica, porque se sabe que en su mayoría, los sujetos tienden a pensar en escenarios poco positivos, aun cuando la probabilidad de que ocurran es nula, dado que se establece que los patrones de pensamiento con respecto a aquello a lo que se apega el sujeto, están ligados fuertemente a una emoción relacionada con la supervivencia: el miedo. El miedo regularmente es alimentado por el diálogo interno del sujeto, en el que tiende a observar el hecho ocurrido desde una perspectiva negativa, sin embargo, el surgimiento del miedo corresponde con un hecho o acontecimiento real, al que el sujeto debe enfrentarse sin evasión, y tomar las acciones pertinentes para salir lo mejor librado posible.


A un año y medio de que ese factor real llamado pandemia ocurriera para la población mundial, muchas de las conductas del sujeto han tenido que ser modificadas en aras de salvaguardar la vida, lo que ha provocado el surgimiento de otra emoción que sin duda tiene un carácter ambiguo. En este sentido, el miedo tiene una parte correspondiente con la realidad, pero la ansiedad que provoca la angustia generada por el miedo no, más bien, es alimentada por los pensamientos negativos que el sujeto se dice a sí mismo con respecto a ese hecho, que no ha ocurrido, pero podría ocurrir. En este sentido la angustia es el interés pagado antes del plazo, es decir, una anticipación a un acontecimiento imaginado. Pero, ¿cómo podemos enfrentar esta mezcla de emociones negativas generadas por un acontecimiento real, como lo es una pandemia? ¿Y cómo podemos lidiar con otro factor en el que ciertamente nos encontramos, como lo es un cambio de paradigmas?


Antes de resolver las interrogantes que se han establecido, me gustaría explicar a qué me refiero con un cambio de paradigmas, haciendo una analogía en relación con la teoría de juegos:


“Supongamos que un juego tenga la característica de que aquel que inicia la partida tenga la oportunidad de ganar todas las veces por medio de un sencillo truco. Ninguno de los participantes lo sabe. A medida que se desarrollan las partidas, a lo largo del tiempo, uno de los participantes descubre dicho truco, y lo confiesa a los demás participantes. Evidentemente dicho jugador no ha descubierto la estrategia de cada uno de los participantes, sino que, más bien les ha mostrado una perspectiva de ese juego, la cual, podríamos considerar en sí misma una manera de jugar, por lo tanto una estrategia. ¿Cómo pudo hacerse obsoleto el juego que los participantes jugaban, previo al descubrimiento de aquel jugador, y cambiarse ahora la perspectiva hacia una nueva manera de jugar? Sencillo, ahora vemos algo diferente, la perspectiva con la que iniciábamos las partidas cambia, y no podemos seguir jugando ingenuamente.”



Justo eso es lo que ocurre, no podemos seguir jugando ingenuamente, sabiendo que el juego se ha modificado, por lo que, es de suma importancia comprender de qué manera se esta modificando el juego, adaptarse y flexibilizarse con respecto al nuevo panorama. Dura tarea, ¿no es cierto? Sin embargo, el estar o no de acuerdo con estas modificaciones no sirve de nada, y se pierde demasiado tiempo en la negación de los acontecimientos que sí están ocurriendo, y de los que, si se desea, se puede sacar un beneficio. Regresemos a la pregunta que deseamos resolver ¿Cómo podemos enfrentar esta mezcla de emociones negativas generadas por un acontecimiento real, como lo es una pandemia y el cambio de paradigmas? Y para resolver esta interrogante, me gustaría recurrir a la filosofía Estoica, ya que iniciamos este texto con los apegos, recurramos a Marco Aurelio y lo que piensa con respecto a la dependencia:


“En cuanto a todas las cosas que existen en el mundo, unas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen; nuestras opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones, nuestras aversiones; en una palabra, todas nuestras acciones. Las cosas que no dependen de nosotros son: el cuerpo, los bienes, la reputación, la honra; en una palabra, todo lo que no es nuestra propia acción. Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas; las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes, y enteramente ajenas. Recuerda pues que, si tu crees libres, a las cosas por naturaleza esclavas, y propias, a las que dependen de otro; encontrarás obstáculos a cada paso, estarás afligido, alterado, e increparas a Dios y a los Hombres. En cambio si tu tienes, a lo que te pertenece, como propio y, a lo ajeno como de otro; nunca, nadie, te forzará a hacer lo que no quieres ni te impedirá hacer lo que quieres. No increparás a nadie, ni acusarás a persona alguna; no harás ni la más pequeña cosa, que no desees; nadie, entonces, te hará mal alguno, y no tendrás enemigos, pues nada aceptarás que te sea perjudicial. Aspirando entonces a tan grandes bienes, recuerda que tú no debes trabajar mediocremente para lograrlos, y que, en lo que concierne a las cosas exteriores, debes enteramente renunciar a algunas y diferir otras. Pues si buscas armonizarlas, y ambicionas estos bienes y también riquezas y honores, quizá no obtengas ni siquiera éstos últimos, por desear también los otros; pero con toda seguridad, no obtendrás los únicos bienes con los que logras tu libertad y felicidad. Así, ante toda fantasía perturbadora, está presto a decir: “Tu no eres sino una imaginación, y en absoluto eres lo que parece”, enseguida examínala con atención y ponla a prueba, para ello sírvete de las reglas que tienes, principalmente con esta primera que es, a saber : de si la cosa que te hace penar es del número de aquellas que dependen de nosotros o de aquellas que no están en nuestro poder. Di sin titubear: “Esa en nada me atañe”.”


Cuando comprendemos que existen cosas que dependen de nosotros y otras que no, inmediatamente comprenderemos que nuestro foco de atención debe centrarse en nuestras acciones, y la manera de conducirnos para lidiar con la adversidad. Encontrar dentro de nosotros mismos una virtud que habremos de desarrollar para encontrar solución a aquello que se nos presenta. Cuando las catástrofes imaginarias que hemos generado con nuestro pensamiento ocurran, debemos contrastarlas con la realidad, esto permite darnos cuenta que aquello que atemoriza es más bien ilusorio.


Si durante este periodo hemos perdido o modificado trabajo, estudios, modos de habitar, modos de hacer, modos de pensar, es muy importante recordar que todo aquello que teníamos en un momento, fue un obsequio de la vida, el cual hemos devuelto. Sí así es, “devuelto”, ¿por qué la palabra “perder” significaría que era nuestro?, y nada de lo que existe en el mundo le es propio a nadie, es un préstamo. En este sentido Constantinos Karváfis en su texto “Ítaca” hace referencia a la manera en como debemos tomar una perdida o modificación de la manera en como nos conducíamos:


“Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca, debes rogar que el viaje sea largo, lleno de peripecias, lleno de experiencias. No has de temer ni a los lestrigones, ni a los cíclopes, ni a la cólera del airado Poseidón. Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta, si tu pensamiento es elevado, si una exquisita emoción penetra en tu alma y tu cuerpo. Los lestrigones, los cíclopes y el feroz Poseidón no habrán de encontrarte, si tú no los llevas dentro antes, si tú alma no los conjurará ante ti. Debes rogar que el viaje sea largo que sean muchos los días de verano que te vean arribar con gozo, alegremente a puertos que tú antes ignorabas. Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia y comprar unas bellas mercancías madreperlas, coral , ébano, ámbar y perfumes placenteros de mil clases. Acude a muchas ciudades de Egipto para aprender, y aprender de quiénes saben.


Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: llegar ahí tu destino. Más no hagas con prisa tu camino, mejor será que dure muchos años y llegues ya viejo a la pequeña isla , rico de cuánto habrás ganado en el camino. No haz de esperar que Ítaca te enriquezca: Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje. Sin ella, jamás habrías partido; más no tiene otra cosa que ofrecerte. Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado. Y siendo ya viejo, con tantas experiencias, sin duda sabrás ya qué significa Ítaca.”


De tal suerte, que aquello que hemos perdido ha sido solo el obsequio de un viaje, que debemos desear sea largo, y que nos permita múltiples peripecias, tratando en todo momento de no evocar en nosotros el miedo, con la estrategia de hacer frente a lo que se nos presenta sin ninguna evasión, siempre teniendo en mente la solución y no el conflicto. En este sentido deseo a todos buen viento y largo viaje.



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