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Contra el habitar. O, ¿por qué la arquitectura es pandemia?

  • Foto del escritor: Fanzine Ubicuo
    Fanzine Ubicuo
  • 4 jun 2021
  • 4 Min. de lectura

Álvaro Adasme Lara y Alejandro Alcázar Fallas

Contacto:

Álvaro: @alvaroscky

Alejandro: @alejandro_alcazar_


Álvaro Adasme Lara

Estudiante y Licenciado en Arquitectura de la Universidad Tecnológica Metropolitana de Santiago de Chile, parte de la Comorg Diseño en la Coordinadora Latinoamericana de Estudiantes de Arquitectura (Co.LEA Cono Sur) y miembro activo de la directiva de la Coordinadora Nacional de Estudiantes de Arquitectura de Chile (Co.NEA Chile).


Alejandro Alcázar Fallas

Semblanza: Sociólogo y diseñador (arquitectura, producto y editorial) por la Universidad de Costa Rica. Presidente de la Coordinadora Latinoamericana de Estudiantes de Arquitectura (CLEA).


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El uso del concepto habitar, no de manera coloquial, sino de forma rigurosa en la teoría y la práctica de la arquitectura, parece estar cubierto de un velo de neutralidad, e incluso hasta de sacralidad. Podría decirse que es un dogma moderno; una metanarrativa. Es decir, un discurso fuerte que se presenta como acabado y que no se ve comúnmente puesto en duda, y si tan solo se intenta cuestionarlo, pronto emergen las resistencias a cualquier crítica, por lo general con argumentos románticos o conservadores (en el sentido de volver a las mismas interpretaciones que se han hecho o se suelen hacer).

La verdad es que, a pesar de lo que Heidegger pudiera haber dicho hace 70 años, actualmente construimos para habitar. O sea, hay una especie de realidades prefabricadas que son producidas y reproducidas según convenga, dentro de las cuales una gran mayoría se inserta para crear la ficción de un habitar propio y autogestionado, que no es más que el reflejo del habitar de quienes verdaderamente crearon esas realidades. En consecuencia, se entra en esas realidades ajenas a la creencia de que se toman decisiones sobre condiciones y situaciones que luego se cargan de significado (la común lectura reduccionista del habitar).


Pero la intención no es reivindicar lo contrario a esto, ya que, aun así se cumpliera ampliamente el ideal heideggeriano –de primero habitar y luego construir–, la crítica aquí sería la misma, y la posición se mantendría: hay que dejar de habitar. Y la simple razón que está detrás de tal afirmación es que son necesarias nuevas narrativas y ahondar en el efecto performativo de estas. Sin embargo, la arquitectura es cómplice en el hecho de que este proyecto en contra del habitar no sea posible, y que el orden ya establecido se perpetúe (hasta ahora). Por esto estamos en contra del habitar y consideramos que la arquitectura es una pandemia.


Habitar


El hábito y lo habitual –relativo al tiempo–, así como la habitación y el hábitat –como manifestaciones espaciales–, no son algo lejano al habitar. Por lo contrario, son parte consustancial de esta acción. Refieren y manifiestan el carácter iterativo del verbo habitar, o sea, la repetición que supone esta acción en el tiempo y el espacio. En otras palabras, habitar se interpreta como repetir algo una y otra vez. En ese sentido, es una acción fijada en el espacio-tiempo, la cual aparenta movimiento pero permanece estática. Algo, por cierto, muy funcional para el orden existente.


Por lo anterior, si lo que se quiere son cambios que permitan construir nuevas realidades y superar las condiciones actuales de existencia que han llevado a la pandemia, no se debería apelar al habitar (muy a pesar de la supuesta diversidad de sus manifestaciones); ni tampoco a la arquitectura que invoca a esta acción.

Arquitectura

La cuarentena ha significado la intensificación de una rutina, así como una profunda alienación en los casos en que el trabajo se ha inmiscuido de manera violenta en la vida doméstica. De ahí que la experiencia del tiempo, así como la del espacio (no solo el privado, sino también el público), haya cambiado en gran medida.

La arquitectura es cómplice de ello. No porque mucha de ella no estuviera pensada para situaciones como una pandemia, sino porque ha servido para exhibir y reproducir discursos hegemónicos (no positivos), y ha legitimado una forma de existir en detrimento o negación de otras. Al mismo tiempo, ha privilegiado al habitar, aferrándose a fijar y reproducir hábitos, habitualidades, habitabilidades, hábitats… perjudiciales no solo para el ser humano, sino para el mundo mismo.

¿Y esto qué tiene que ver con la COVID-19?

El mundo que nos rodea, y como lo percibimos y nos relacionamos con él, está condicionado por la cultura, y a su vez mediado por la ideología. Habitar es el reflejo de esos dos elementos. La cultura de un grupo dominante se ha impuesto como ideología, es decir, como eso que media en nuestra relación espontánea con la realidad. Por lo tanto, nuestras decisiones no están desprovistas de ideología, al contrario, son pura ideología. Y el resultado ha sido la hegemonía de un habitar que ha resuelto en la depredación de formas de vida no humana –y también humana–, así como la sobre explotación de formas de no-vida, amparados en un exaltado antropocentrismo. Esto ha puesto una gran presión sobre los ecosistemas, lo cual solo reafirma los efectos adversos de la acción humana en el planeta (eso que en términos de Era llamamos Antropoceno), y es difícil negar que la pandemia de la COVID-19 no se deba a ello.

Así, lastimosamente, no parece que la pandemia por el Coronavirus haya conllevado a que reflexiones profundas y urgentes emergieran y se esparcieran como la misma pandemia. En su lugar, en el caso de la arquitectura, mucho apunta a que se seguirá haciendo lo mismo que se ha venido haciendo: reproduciendo realidades prefabricadas y estetizadas. La evidencia está por un lado en la necia y molesta afirmación de la supuesta necesidad de “humanizar” la arquitectura y la ciudad, cuando realmente estas no podrían estar más enfocadas en el ser humano, y negar otras formas de existencia (no humanas, vivas y no vivas). Y por otro lado es visible en la ceguera disciplinar, la cual parece que impide ver y pensar el mundo más allá de los límites autoimpuestos por la arquitectura, y que hace también que lxs profesionales/estudiantes de arquitectura depositen ingenuamente en esta disciplina un ingenuo rol mesiánico.

La arquitectura es pandemia. No más arquitectura para habitar.



Nombre: La arquitectura, un silencioso cómplice en el desarrollo de la pandemia de COVID – 19.

Autores: Álvaro Adasme Lara y Alejandro Alcázar Fallas.


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